Una y otra vez vuelvo a caer en ese espacio abierto y sin sentido, un silbido, sin sonido. Noches agitadas, mecidas por el obscuro llanto de las sirenas en el pavimento. Una calma inusitada. La regalía del claro en el alma, una leve bruma que no me deja conducir. Uno a uno los pensamientos se atropellan, se agitan, se enmascaran en la siniestra calma antes del infinito.

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