Levántate. Camina. Cierra la boca. No te inclines ante nadie. Escucha todo lo que diga Pero no me hagas caso. Ante todo decide por ti y no te dejes caer. Un día lo entenderás. No importa. Ante nada sé tu mismo. Aunque nunca sepas realmente qué significa eso. Una muralla de argumentos mentirosos. Ladrillo por ladrillo. Uno encima del otro para luego caer encima tuyo. Podrán molestarte. Podrán superarte. Podrán golpearte en el suelo. No importa. Lo han hecho muchas veces. Y lo seguirán haciendo. Lo que importa es desde aquí. No sacas nada de lamentarte. Tu trabajo terminará por dar sus frutos. De ti depende. De nadie más. Escucha a los que te quieran de verdad. Repitelo. Es mecánico. Es único y sólo tuyo. No es un regalo. Es el aroma de la victoria derretida. Atrapada por mentiras que tu puedes ser capaz de derribar. Un ejercicio de autoafirmación. Una respuesta disfrazada de certidumbre. Nadie puede vivir sin eso. Aunque se hoy todo se acabe. Aunque mis palabras se esfumen en una ráfaga de verborrea. Farsantes. Se asfixian en sus propio verso insulso. Suben elevados por su ego perezoso. Una vanidad sorda La sombra cadavérica de sus sueños desbocados. Quiénes son según a quién superan. Y mientras tanto se apagan sin darse cuenta. Mientras tanto las cosas siguen igual. Frases cortas. Silencios eternos. La explicación que jamás llega. En un mundo donde todo se borra. Incluso la amistad. El viento se lo llevará todo. Incluidas tus fotos. Incluida tu ira trémula. Incluida tu sonrisa odiosa. Incluidos tus ojos chinos, tu cabeza baja, tu figura acabada, tus vicios reprimidos. No me digas qué hacer. A dónde debo ir. Todo aparecerá a su debido tiempo. En la practica. En el resguardo de una borrachera ingrata. Cuántas veces quise tocarte y no me dejaste. Podría ser más fino, más obscuro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario