Agotado. Desdeñado. Aborrecido. El desaliento. La desmesura. El asco y la repetición. Un continuo ejercicio. El esfuerzo mezquino asegura la fama y la mentira. Un juego de espejos. Trampas disfrazadas de intenciones. Arreglos bajo la mesa. Son dichos. Palabras al vuelo. Una pose eterna y enferma. Incólume. Inclaudicable. Derraman felicidad desde sus privilegios. No me apetecen sus figuras, sus ademanes maniqueos, sus consignas falsas. Firmes junto a sus egos. Cobijados en el delirio colectivo. La borrachera edilica de sus sueños húmedos junto a la periferia. Mentira. No rendirán ni el mínimo de sus ventajas heredadas. Mentira. Jamás han sufrido desde abajo. Mentira. Tribunan con sus anhelos, con su histeria, con su progresismo disfrazado. Domestican con gafas rayban y guayaberas. Sus viajes a la rivera maya y la europa desarrollada. Sus navidades con el regalo de papi. Con la última novia tinder. Con el sopor marihuaneado del hedonismo. Confabulan con su amigo que podría ser como ellos. Pero no tiene el apellido. Jamas fue a sus colegios. La entelequia vibrante de la calle los lleva al extasis. Pero solo por un rato. Sus casas con jardín, perros y gatos los esperan. Saben que pueden dormir tranquilos, nadie les negará su desayuno con palta y pan centeno. Amanece. Mediodía es suficiente. No deben atravesar media ciudad. La herencia de la familia alcanza para todes. Otro día despunta. Pueden seguir siendo del pueblo.
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