miércoles, 24 de febrero de 2021

En la búsqueda de una piedra


En lo concerniente a seguir sin vida, me declaro damnificado. Sigo a la deriva, por un río turbio. Me aleja la corriente tibia, mientras me mece sin reposo. El día se aleja y se derrite intempestivamente, sin dejarme levantar la cabeza. Es la fiebre de una ira encomiable con el pasado, con el presente, con el futuro. La falta de tolerancia y el delirio natural por no mirar las cosas con claridad. Todo cubierto por el manto de la ignorancia y la ignominia. Destellos de locura parecen la mejor opción. Porque el mar está revuelto y no hay quien sobreviva. A nadie le importan los demás, y todo es difícil y complejo. La realidad aparece por arte de magia, con trucos que mutilan a sus asistentes. Una broma asesina que no deja títere con cabezas. La condena insufrible a escuchar a pesar de taparte los oídos, directo al cerebro sin ningún filtro. Ya no hay cabida para la reflexión. El exceso es el único camino mientras todo se agota y mañana los cuerpos ya no se levanten. Se trata de una pesadilla compartida. El acto inoperante y elocuente de no pensar. Es cierto, solo existimos en el otro, en ese lapsus de tiempo en que la gota cae y toca el suelo. Un murmullo que flota en el espacio. Ese que no existe, pero nosotros sí lo vemos. Un día todo se acaba y no tengo miedo. 

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