Hoy más que nunca te sientes un maldito chilenito: timorato, ingenuo y pedestre. Una combinación ganadora de ego deshinchado y frustración galopante. El niño símbolo de una generación sin convicciones ni consignas. Una vencida antes de comenzar. Y que en alguna parte del camino terminó por no importarle.
Ni la victoria pasajera te subió el ánimo. Era un racimo de duda y culpabilidad por el débil indicio de una cordura pasajera. Esa inevitable expresión de desesperanza. Un signo inequívoco de resignación y pereza. No vas a cambiar/Nadie lo hace/Nadie lo hará/No vas a cambiar/Ni siquiera te animas/Tampoco te estimas/No, no vas a cambiar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario