Mientras las anguilas se engullen todo a su alrededor, los buzos siguen sin entender nada. Cuando salieron esa mañana, las flores del jardín no estaban con el rocío habitual del alba. Cargaron sus equipos y se subieron al auto. Sin desayuno, pese al largo viaje. El tiempo apremiaba. A poco andar notaron que los letreros y luces de la carretera estaban apagados. Una espesa niebla cubría el horizonte. No transitaban autos, en ninguno sentido. Para cuando llegaron al lago, sus caras describían el paisaje. Un pequeño ciervo flotaba en lago teñido de color carmesí. Al acercarse notaron como muchas sombras oscuras como piedras aparecían también en el agua. Eran cuerpos de animales salvajes como zorros, cervatillos y pumas. No había señas lucha ni defensa. Era como si hubieran sido sembrados en el agua de manera cuidadosa y selectiva. Los hombres avanzaron lentamente. El bote no estaba en el muelle. Pero sí una persona, en silencio, observando. Se dio vuelta.

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