Puedo sentarme, esperar, pararme en una fila, vivir rodeado de gente y siempre estar solo. Gente que disfruta, que sonríe, que habla sin mirar a los ojos. El ánimo decae. Las vibraciones resultan permanentes. Un espacio entre niños y sus padres, novias y sus novios, celos y sus amantes. Escucho, observo. Me veo en un espejo. En caras llenas de vacío. En una cosecha de llantos, de giros al destino. Un pequeño detalle puede lograr la diferencia. Se escapa, es él quien lo desea. No sé cuántas veces seguiré jugando a ser niño. Mientras tu y todos se entrometan. Lleno de espacio, vacío de sentido. Una persecución tediosa, irresoluta. No doy con las palabras, me pierdo en la búsqueda. Es un cine, es la calle, es el parque o el supermercado. La vida dicta un ritmo, uno que nosotros seguimos como si fuera una regla, como si fuera el destino, como si no nos molesta. Veo pasar mi presente mientras persigo mi pasado. Al menos yo esperé otra cosa, al menos yo resolví siempre aceptarlo. La caída del silencio cerrará muchas puertas. Te hará creer que has triunfado. Una lastimera envidia, al universo condensado, en un único pasaje, en un solo arrebato. No es más que eso, un verbo asfixiado. No quiero aceptarlo. Vivir en el desgano. Apelar al olvido, soñar con el acampado. Respeto lo inconcluso, no creo en lo demostrado. Respiro en tu nombre, con la gracia de vivir amado. Sería injusto convencerte, yo sé que no lograría moverte. En la cuesta de la locura, sé que acabaré con lo permanente, como nunca, como hoy, como siempre.miércoles, 16 de marzo de 2016
K
Puedo sentarme, esperar, pararme en una fila, vivir rodeado de gente y siempre estar solo. Gente que disfruta, que sonríe, que habla sin mirar a los ojos. El ánimo decae. Las vibraciones resultan permanentes. Un espacio entre niños y sus padres, novias y sus novios, celos y sus amantes. Escucho, observo. Me veo en un espejo. En caras llenas de vacío. En una cosecha de llantos, de giros al destino. Un pequeño detalle puede lograr la diferencia. Se escapa, es él quien lo desea. No sé cuántas veces seguiré jugando a ser niño. Mientras tu y todos se entrometan. Lleno de espacio, vacío de sentido. Una persecución tediosa, irresoluta. No doy con las palabras, me pierdo en la búsqueda. Es un cine, es la calle, es el parque o el supermercado. La vida dicta un ritmo, uno que nosotros seguimos como si fuera una regla, como si fuera el destino, como si no nos molesta. Veo pasar mi presente mientras persigo mi pasado. Al menos yo esperé otra cosa, al menos yo resolví siempre aceptarlo. La caída del silencio cerrará muchas puertas. Te hará creer que has triunfado. Una lastimera envidia, al universo condensado, en un único pasaje, en un solo arrebato. No es más que eso, un verbo asfixiado. No quiero aceptarlo. Vivir en el desgano. Apelar al olvido, soñar con el acampado. Respeto lo inconcluso, no creo en lo demostrado. Respiro en tu nombre, con la gracia de vivir amado. Sería injusto convencerte, yo sé que no lograría moverte. En la cuesta de la locura, sé que acabaré con lo permanente, como nunca, como hoy, como siempre.
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