Un ejercicio sencillo. El vicio colectivo. Disfrutar el caos sin sentido. Es fácil y no importa. A veces no importa. Iggy revoloteaba contento. El desprecio es aparente. Es goce y apetencia. Deseo. Un estado de diversión pleno. Al menos por un momento. Resulta inquebrantable, perfecto. Como todo lo que se ama, se busca. En el tiempo. Sin contexto. Quebrar ese dulce panorama de la candidez adolescente. Era un juego excitante y lleno de colores. No me lo puedo perder. Mas aún ahora que el frío se acerca.

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