Consternado por mi propia incapacidad. Como si
fuera un conejo cegado por los focos de un auto. Me duelen las muelas. Pienso
en todos los achaques que la vejez me depara, y en cómo podré afrontarlos si ni
aún con la sutileza que la juventud me entrega aún, ya me siento superado. Será
porque ya estoy viejo. Escucho ruido nocturno, camionetas sobre el pavimento,
música de una fiesta cercana. Luego silencio. Sólo con mis pensamientos. Mi
imperecedera terquedad. El no hacer, poder, querer. Toda esa negatividad que
repelen los libros de autoayuda. Solo con la esperanza de que el sol brillará
por la mañana, si es que la vuelvo a ver. Y que con ella todo será distinto. Yo
seré distinto. Pero sé que eso no sucede, porque ya soy un adulto y sé que los
sueños solo existen mientras no te das cuenta.
sábado, 19 de junio de 2021
En lo concerniente
En lo
concerniente a seguir sin vida, me declaro damnificado. Sigo a la deriva, por
un río turbio. Me aleja la corriente tibia, mientras me mece sin reposo. El día
se aleja y se derrite intespectivamente,
sin dejarme levantar la cabeza. Es la fiebre de una ira encomiable. La
falta de tolerancia y el delirio natural por no mirar las cosas con claridad.
Todo cubierto por el manto de la ignorancia y la ignominia. Destellos de locura
parecen la mejor opción. Porque el mar está revuelto y no hay quien sobreviva.
A nadie le importan los demás, y todo es difícil y complejo. La realidad
aparece por arte de magia, con trucos que mutilan a sus asistentes. Una broma
asesina que no deja títere con cabeza. La condena insufrible a escuchar, pese a
taparte los oídos. Directo al cerebro. Sin ningún filtro. Ya no hay cabida para
la reflexión. El exceso es el único camino, mientras todo se agota y mañana los
cuerpos ya no se levanten. Se trata de una pesadilla compartida. El acto
inoperante y elocuente de no pensar. Es cierto, solo existimos en el otro, en
ese lapsus de tiempo en que la gota cae y toca el suelo. Un murmullo que flota
en el espacio. Ese que no existe pero nosotros sí lo vemos. Un día todo se
acaba y a ratos ya no tengo miedo
jueves, 20 de mayo de 2021
Carta
Una carta al embarque. Murió una madre. Se aleja en sueños. Soy el hijo en ciernes. En la sombra triste de la eterna espera. El brillo en las nubes. El rechazo amontonado. Una trayectoria, presente y pasado. Lo circuitos que no conectan. Prefiero vivir alejado. Cuando no era el que era. Cuando me come el pasado. Cuando todos miran. Cuando el viento ha animado. Las luces se agitan. Los sueños desbordados. Un comienzo enterrado. Te extraño. Y lo seguiré haciendo. Ahora los envidio. Eran presente. Ya son pasado. Los aprecio y ahora todo se esfuma. Me confirmo al enterrarlos. Ya no te sigo. Y me hacen daño. Eran afecto. Eran amados. Pese, incluso, a no demostrarlo. Su juego me combida. A ser alguien lejano. Cuando ya nadie es el que era. Cuando todo es superado. Suspendo el juicio. El silencio los ha superado.
martes, 18 de mayo de 2021
martes, 11 de mayo de 2021
Madre
Una carta al embarque. Murió una madre. Se aleja en sueños. Soy el hijo en ciernes. El brillo en las nubes. El rechazo amontonado. Una trayectoria, presente y pasado. Lo circuitos no conectan. Vivir alejado. Cuando no era el que era. Cuando me come el pasado. Cuando todos miran. Cuando el viento ha animado. Cardos que se agitan. Sueños desbordados. Un comienzo enterrado. Un extraño amilanado. Te extraño. Te extraño. Los envidio. Eran presente. Ya son pasado. Los aprecio, pero todo se esfuma. Me confirmo al enterrarlos. Ya no te sigo. Ya no te sigo. Me hacen daño. Eran afecto. Pese a no demostrarlo. Su juego me combida. Ser alguien lejano. Cuando ya nadie es el que era. Cuando todo es pasado. Suspendo el juicio. Me encantaría ser amado. Son fuego. Se ha apagado. domingo, 11 de abril de 2021
No fear
Todos los días
Sin miedo
Como Nina Simone
Sueño con despertar
Todos los dias
Entre tus ojos
En tu sonrisa
miércoles, 24 de febrero de 2021
En la búsqueda de una piedra
En lo concerniente a seguir sin vida, me declaro damnificado. Sigo a la deriva, por un río turbio. Me aleja la corriente tibia, mientras me mece sin reposo. El día se aleja y se derrite intempestivamente, sin dejarme levantar la cabeza. Es la fiebre de una ira encomiable con el pasado, con el presente, con el futuro. La falta de tolerancia y el delirio natural por no mirar las cosas con claridad. Todo cubierto por el manto de la ignorancia y la ignominia. Destellos de locura parecen la mejor opción. Porque el mar está revuelto y no hay quien sobreviva. A nadie le importan los demás, y todo es difícil y complejo. La realidad aparece por arte de magia, con trucos que mutilan a sus asistentes. Una broma asesina que no deja títere con cabezas. La condena insufrible a escuchar a pesar de taparte los oídos, directo al cerebro sin ningún filtro. Ya no hay cabida para la reflexión. El exceso es el único camino mientras todo se agota y mañana los cuerpos ya no se levanten. Se trata de una pesadilla compartida. El acto inoperante y elocuente de no pensar. Es cierto, solo existimos en el otro, en ese lapsus de tiempo en que la gota cae y toca el suelo. Un murmullo que flota en el espacio. Ese que no existe, pero nosotros sí lo vemos. Un día todo se acaba y no tengo miedo.
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