Remo sin encontrar. Una furia que no se detiene. Cae como la lluvia. Cae como los años. Una avalancha de incertidumbre. La incomodidad arropada de vergüenza, de dudas, de sueños acabados. Como si fuera una línea recta. Que no encuentra su pasado. No me puedo poner los zapatos. Respiro sin llegar a entenderlo. Es casi seguro que nunca lo haga. Se traslada a las letras. Rebasa su estado. Resulta sólido aún cuando es invisible. Como un tumor, como una sombra. Respira en la nuca. Se mece en la puerta. Me gustaría pensar que todo será más claro. Que la búsqueda de sentido se habrá acabado. Pero no lo hay. En eso te veo atrapado. Afuera. Adentro. Todo al mismo tiempo. Cuánto habrá de desencuentro. Por el estrecho. En el recorrido. Pronto se abrirá acalorado. Mientras el agua surca y ruge a mi lado.
domingo, 1 de agosto de 2021
Invisibles
Se aleja su tiempo de victoria
Dile adiós al soberano
Su época de rey ha terminado
Dile adiós al pasado
Su historia se ha esfumado
Cuenta las veces que terminaron
Cuenta los años derramados
Cuenta los siglos perdidos
Los vientos superados
Que levantan el grito
Que levantan el fuego
Que sumergen la noche
Que apagan acalambrados
Los pasos sumarán destellos
Y el despegue inclemente
Será invisible
sábado, 19 de junio de 2021
Reino
Creí escucharte decir
Mi nombre
A esa distancia
Creí escucharte decir
Date otra vuelta
El sueño ya no te afecta
Como pidiéndote
No muerdas
No muerdas
Lengua
La
delirante incontinencia mental. Un surtido de palabras que están a punto de ser
paridas pero que no alcanzan a ver la luz. Un aborto del lenguaje. La falta de
comunicación. Una serena visual de potencialidades. La expresión del no ser. El
infinito arrepentimiento de lo no nato. Mañana puede que todo se acabe y no importa. Los versos se deshacen. Vamos a morir
solos y ni los pájaros ni la noche se acordarán. Lo que fue y lo que podría haber sido.
Ecos
Solo somos un
engranaje en la máquina. Incluso cuando pienso mucho las cosas, no resultan. Es
deprimente estar solo, meditar en exceso, sufrir sin sentido, esperar que todo
cambie. Nada sucede por arte de magia. Sin embargo, el peso de seguir vivo aquí
inflama las venas. No hay resultados, no hay ganas de participar. Los espacios
se achican y todo se vuelve negro. Pero por exceso de luz. El blanco me
desagrada, ese pálido reflejo de un sol en el cemento, sin matices, sin
rincones, sin escondites. La noche parece más acogedora, incluso al borde de la
esperanza. El sueño eterno de que todo puede volver a comenzar y será mejor.
Ese es el juego, la escondida. Cuento los días en que todo alcance el
equilibrio. El momento exacto en que no perderé más el tiempo. En que solo
exista el aquí y ahora en un balance
absoluto y sin límites. El brillo pasaje del cual no hay salida una vez que
entraste. Todo en la proporción perfecta, en la medida exacta, con el
cumplimiento de los requisitos y la negación de un futuro sin sueños ni un
pasado devorador. Los hábitos parece que fueran una rueda cuyo eje es la
perfección. Pero también existen los malos hábitos, esos que nos dan tregua, no
nos dejan escapar y nos asfixian. Espero poder convertirme algún día en el
protagonista de mis respuestas, en la línea y eje central de mi historia. Pero
las contradicciones me abordan, y no encuentro el minuto correcto, la palabra
precisa, el tiempo exacto ¿Acaso hay alguno? El frío de los azulejos se pega a
la parte exterior de mis piernas. No creo en fantasmas, pero ellos viven en
mente. Un zumbido perturbador e incoherente ¿Qué quieren decir? ¿A dónde me
llevan? Reconozco sus caras, y muchos siguen con vida. Son ecos, gritos que
acarrea el viento en los cerros. Un valle muerto que se seca por dentro
mientras todo es arrasado por el pasado. Las apariencias no engañan y todo es
lo que aparenta. Un acalorado embate de sangre al cerebro, un espacio de tiempo
en el que no hay deliberación, sólo sonidos, solo palabras, sin reflexión, sin
recuerdos ni afectos, sin memoria. Hoy más que nunca te necesito, pero no
estuviste ahí, nunca. Y te pido a gritos desde mi boca cerrada. Una contención
que por décadas ha llevado la amargura de la incomprensión. No sé quién eres ni
quién fuiste. Y hoy ya no queda nada. El mundo se puede acabar y tú seguirás
ahí, inmune, eterno. Sin atisbos de querer cambiar. Sin ambición de nada ni de
nadie. Recuerdo las luces de la cancha, el borde mientras jugaba, la esperanza
de que aparecieras. Esa ingenuidad era la que me mantenía con vida. Pero cuando
despiertas y la realidad es más oscura de lo que jamás pensaste, sueñas con
volver a dormir, que todo sea mentira. El tranco no se hace más fácil, y las
luces que caen rayos solo demuestras que hay gente que es capaz de seguir
avanzando pese a todo. A ellas confió y dedico mi vida. Ellos son los
verdaderos himnos de la humanidad. Un espacio de tiempo en el cual puedo seguir
creyendo que hay algo más allá. Que ese recuerdo no será capaz de enguirme. Te
conozco y te siento, solo espero que llegado ese cruce no tome el camino
equivocado.
God is a concept
God is a concept.
No se puede caer más bajo. Eso me repito una y otra vez. Pero sé que eso es
mentira, que las cosas pueden ser peor ¿Cómo voy a reaccionar cuando suceda?
¿Cómo mantener la tranquilidad a pesar de todo, con la única certeza de que
todo va a cambiar? Tarde o temprano las cosas van a ser distintas. Nada dura
para siempre, y solo los momentos nos mantienen con vida. El resto es solo
relleno. Un plazo que se acaba, que termina y no se renueva. Mejor descansar.
Mejor desaparecer sin decir nada a nadie. Pero no se puede escapar. La vida nos
persigue y no nos deja ser libres jamás. Hoy me voy a escapar muy lejos y no
pienso volver. La rutina del hábito reprimido y desflorado se termina. Mañana
puede ser un buen día. Uno que me libere de mi pasado y del presente. A la
distancia observo como una las nubes se derriten al sol. La gente como hormigas
pulula sin saber quiénes son ni quiénes fueron. No les interesa. No lo
ambicionan. La vida te permite hacerlo de rodillas, escondido, en la
obscuridad. Y si lo deseas, se puede acabar con un leve movimiento. Un segundo
de inspiración. Solo necesitas que los problemas nublen la vista. Un haz de luz
que divida el pensamiento. Y luego, la nada. El silencio. La paz que nunca
obtuviste, que tanto deseaste. Esa por la que las lágrimas insípidas rodaban
por tus mejillas y limpiabas con tus manos. Porque se trata de no llorar, de no
quejarse, de sobrevivir, para eso estamos hechos. Esto es una prueba. Una
prueba para algo mejor, diría un cristiano. Pero de nuevo, no hay ninguna
certeza. De eso se trata, y eso es algo bueno ¿Pero en que nos apoyamos? ¿Cuál
es el respaldo en cuyo descanso podemos mantener nuestras fuerzas? La debilidad
es una cualidad muy particular: todos la poseen ¿Cuándo dejó de serlo? Sufrir
es parte de la condición humana, pero intentamos evitarlo a toda costa. Desde
la emoción pareciera que no hay salida, no hay virtud, no es aceptable. Al
menos no en este tiempo, en este mundo, en esta realidad. Quizás un poco más
allá las cosas sean distintas. Quizás las personas se encuentren sin
pretensiones, sujetas solo a su valor como seres humanos. Pero eso es una sutil
utopía, una esperanza en desuso, un
pasado sujeto a la labor de unos pocos. Mientras las inclemencias van y vienen,
y no son ponderables ni medibles, el ruego sigue siendo el tono de la
humanidad. Y eso parece que no va a cambiar. Me gustaría creer que las noches
no son largas, que el sol no quema y que los recuerdos son olvidables. Me
gustaría apreciar la belleza del día cotidiano, de la luz sin rechazo y la paz
interior. El opus de una vida digna, la celebración de la veracidad y la
expresión de esperanza. Mientras algunos piensan que han ganado, pero las cosas
se alejan y después regresan. No creo en la evolución ni el progreso de un
futuro con reclamos. Las fotos de una sonrisa cínica superan la alegría
descabellada y añeja de una mente sin recuerdos. No quiero perseverar en la
desazón del camino pedregoso. La tierra mohosa que mutila mis tobillos y me
hunde en el barro no puede seguir siendo mi senda. La victoria del éxito no
puede ser obtenida de cualquier forma. Importa el cómo y el por qué. La
templanza y el coraje de un cuerpo sin armadura y falta de rigurosidad. Dios quiera. -
Sueños
Consternado por mi propia incapacidad. Como si
fuera un conejo cegado por los focos de un auto. Me duelen las muelas. Pienso
en todos los achaques que la vejez me depara, y en cómo podré afrontarlos si ni
aún con la sutileza que la juventud me entrega aún, ya me siento superado. Será
porque ya estoy viejo. Escucho ruido nocturno, camionetas sobre el pavimento,
música de una fiesta cercana. Luego silencio. Sólo con mis pensamientos. Mi
imperecedera terquedad. El no hacer, poder, querer. Toda esa negatividad que
repelen los libros de autoayuda. Solo con la esperanza de que el sol brillará
por la mañana, si es que la vuelvo a ver. Y que con ella todo será distinto. Yo
seré distinto. Pero sé que eso no sucede, porque ya soy un adulto y sé que los
sueños solo existen mientras no te das cuenta.
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