sábado, 19 de junio de 2021

Reino

   
Creí escucharte decir
Mi nombre 
A esa distancia
Creí escucharte decir 
Date otra vuelta
El sueño ya no te afecta
Como pidiéndote
No muerdas
No muerdas

Lengua

La delirante incontinencia mental. Un surtido de palabras que están a punto de ser paridas pero que no alcanzan a ver la luz. Un aborto del lenguaje. La falta de comunicación. Una serena visual de potencialidades. La expresión del no ser. El infinito arrepentimiento de lo no nato. Mañana puede que todo se acabe y no importa. Los versos se deshacen. Vamos a morir solos y ni los pájaros ni la noche se acordarán. Lo que fue y lo que podría haber sido.  

Ecos


Solo somos un engranaje en la máquina. Incluso cuando pienso mucho las cosas, no resultan. Es deprimente estar solo, meditar en exceso, sufrir sin sentido, esperar que todo cambie. Nada sucede por arte de magia. Sin embargo, el peso de seguir vivo aquí inflama las venas. No hay resultados, no hay ganas de participar. Los espacios se achican y todo se vuelve negro. Pero por exceso de luz. El blanco me desagrada, ese pálido reflejo de un sol en el cemento, sin matices, sin rincones, sin escondites. La noche parece más acogedora, incluso al borde de la esperanza. El sueño eterno de que todo puede volver a comenzar y será mejor. Ese es el juego, la escondida. Cuento los días en que todo alcance el equilibrio. El momento exacto en que no perderé más el tiempo. En que solo exista el  aquí y ahora en un balance absoluto y sin límites. El brillo pasaje del cual no hay salida una vez que entraste. Todo en la proporción perfecta, en la medida exacta, con el cumplimiento de los requisitos y la negación de un futuro sin sueños ni un pasado devorador. Los hábitos parece que fueran una rueda cuyo eje es la perfección. Pero también existen los malos hábitos, esos que nos dan tregua, no nos dejan escapar y nos asfixian. Espero poder convertirme algún día en el protagonista de mis respuestas, en la línea y eje central de mi historia. Pero las contradicciones me abordan, y no encuentro el minuto correcto, la palabra precisa, el tiempo exacto ¿Acaso hay alguno? El frío de los azulejos se pega a la parte exterior de mis piernas. No creo en fantasmas, pero ellos viven en mente. Un zumbido perturbador e incoherente ¿Qué quieren decir? ¿A dónde me llevan? Reconozco sus caras, y muchos siguen con vida. Son ecos, gritos que acarrea el viento en los cerros. Un valle muerto que se seca por dentro mientras todo es arrasado por el pasado. Las apariencias no engañan y todo es lo que aparenta. Un acalorado embate de sangre al cerebro, un espacio de tiempo en el que no hay deliberación, sólo sonidos, solo palabras, sin reflexión, sin recuerdos ni afectos, sin memoria. Hoy más que nunca te necesito, pero no estuviste ahí, nunca. Y te pido a gritos desde mi boca cerrada. Una contención que por décadas ha llevado la amargura de la incomprensión. No sé quién eres ni quién fuiste. Y hoy ya no queda nada. El mundo se puede acabar y tú seguirás ahí, inmune, eterno. Sin atisbos de querer cambiar. Sin ambición de nada ni de nadie. Recuerdo las luces de la cancha, el borde mientras jugaba, la esperanza de que aparecieras. Esa ingenuidad era la que me mantenía con vida. Pero cuando despiertas y la realidad es más oscura de lo que jamás pensaste, sueñas con volver a dormir, que todo sea mentira. El tranco no se hace más fácil, y las luces que caen rayos solo demuestras que hay gente que es capaz de seguir avanzando pese a todo. A ellas confió y dedico mi vida. Ellos son los verdaderos himnos de la humanidad. Un espacio de tiempo en el cual puedo seguir creyendo que hay algo más allá. Que ese recuerdo no será capaz de enguirme. Te conozco y te siento, solo espero que llegado ese cruce no tome el camino equivocado. 

God is a concept


God is a concept. No se puede caer más bajo. Eso me repito una y otra vez. Pero sé que eso es mentira, que las cosas pueden ser peor ¿Cómo voy a reaccionar cuando suceda? ¿Cómo mantener la tranquilidad a pesar de todo, con la única certeza de que todo va a cambiar? Tarde o temprano las cosas van a ser distintas. Nada dura para siempre, y solo los momentos nos mantienen con vida. El resto es solo relleno. Un plazo que se acaba, que termina y no se renueva. Mejor descansar. Mejor desaparecer sin decir nada a nadie. Pero no se puede escapar. La vida nos persigue y no nos deja ser libres jamás. Hoy me voy a escapar muy lejos y no pienso volver. La rutina del hábito reprimido y desflorado se termina. Mañana puede ser un buen día. Uno que me libere de mi pasado y del presente. A la distancia observo como una las nubes se derriten al sol. La gente como hormigas pulula sin saber quiénes son ni quiénes fueron. No les interesa. No lo ambicionan. La vida te permite hacerlo de rodillas, escondido, en la obscuridad. Y si lo deseas, se puede acabar con un leve movimiento. Un segundo de inspiración. Solo necesitas que los problemas nublen la vista. Un haz de luz que divida el pensamiento. Y luego, la nada. El silencio. La paz que nunca obtuviste, que tanto deseaste. Esa por la que las lágrimas insípidas rodaban por tus mejillas y limpiabas con tus manos. Porque se trata de no llorar, de no quejarse, de sobrevivir, para eso estamos hechos. Esto es una prueba. Una prueba para algo mejor, diría un cristiano. Pero de nuevo, no hay ninguna certeza. De eso se trata, y eso es algo bueno ¿Pero en que nos apoyamos? ¿Cuál es el respaldo en cuyo descanso podemos mantener nuestras fuerzas? La debilidad es una cualidad muy particular: todos la poseen ¿Cuándo dejó de serlo? Sufrir es parte de la condición humana, pero intentamos evitarlo a toda costa. Desde la emoción pareciera que no hay salida, no hay virtud, no es aceptable. Al menos no en este tiempo, en este mundo, en esta realidad. Quizás un poco más allá las cosas sean distintas. Quizás las personas se encuentren sin pretensiones, sujetas solo a su valor como seres humanos. Pero eso es una sutil utopía, una esperanza en desuso,  un pasado sujeto a la labor de unos pocos. Mientras las inclemencias van y vienen, y no son ponderables ni medibles, el ruego sigue siendo el tono de la humanidad. Y eso parece que no va a cambiar. Me gustaría creer que las noches no son largas, que el sol no quema y que los recuerdos son olvidables. Me gustaría apreciar la belleza del día cotidiano, de la luz sin rechazo y la paz interior. El opus de una vida digna, la celebración de la veracidad y la expresión de esperanza. Mientras algunos piensan que han ganado, pero las cosas se alejan y después regresan. No creo en la evolución ni el progreso de un futuro con reclamos. Las fotos de una sonrisa cínica superan la alegría descabellada y añeja de una mente sin recuerdos. No quiero perseverar en la desazón del camino pedregoso. La tierra mohosa que mutila mis tobillos y me hunde en el barro no puede seguir siendo mi senda. La victoria del éxito no puede ser obtenida de cualquier forma. Importa el cómo y el por qué. La templanza y el coraje de un cuerpo sin armadura y falta de rigurosidad.  Dios quiera. - 

Sueños


Consternado por mi propia incapacidad. Como si fuera un conejo cegado por los focos de un auto. Me duelen las muelas. Pienso en todos los achaques que la vejez me depara, y en cómo podré afrontarlos si ni aún con la sutileza que la juventud me entrega aún, ya me siento superado. Será porque ya estoy viejo. Escucho ruido nocturno, camionetas sobre el pavimento, música de una fiesta cercana. Luego silencio. Sólo con mis pensamientos. Mi imperecedera terquedad. El no hacer, poder, querer. Toda esa negatividad que repelen los libros de autoayuda. Solo con la esperanza de que el sol brillará por la mañana, si es que la vuelvo a ver. Y que con ella todo será distinto. Yo seré distinto. Pero sé que eso no sucede, porque ya soy un adulto y sé que los sueños solo existen mientras no te das cuenta. 

En lo concerniente



En lo concerniente a seguir sin vida, me declaro damnificado. Sigo a la deriva, por un río turbio. Me aleja la corriente tibia, mientras me mece sin reposo. El día se aleja y se derrite intespectivamente,  sin dejarme levantar la cabeza. Es la fiebre de una ira encomiable. La falta de tolerancia y el delirio natural por no mirar las cosas con claridad. Todo cubierto por el manto de la ignorancia y la ignominia. Destellos de locura parecen la mejor opción. Porque el mar está revuelto y no hay quien sobreviva. A nadie le importan los demás, y todo es difícil y complejo. La realidad aparece por arte de magia, con trucos que mutilan a sus asistentes. Una broma asesina que no deja títere con cabeza. La condena insufrible a escuchar, pese a taparte los oídos. Directo al cerebro. Sin ningún filtro. Ya no hay cabida para la reflexión. El exceso es el único camino, mientras todo se agota y mañana los cuerpos ya no se levanten. Se trata de una pesadilla compartida. El acto inoperante y elocuente de no pensar. Es cierto, solo existimos en el otro, en ese lapsus de tiempo en que la gota cae y toca el suelo. Un murmullo que flota en el espacio. Ese que no existe pero nosotros sí lo vemos. Un día todo se acaba y a ratos ya no tengo miedo